El baúl del aire

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13 mayo 2008

Ni te cases ni te embarques


Fatídico número este trece, para el que crea en esas cosas.
Que si viene el anticristo, manda huevos. Todavía albergamos serias dudas del Cristo en positivo como para creernos que vendrá su negativo. El día de la Bestia, los trece discípulos, otra vez, de Cristo. La muerte en el Tarot, el de la pitonisa Lola y sus colegas.
Después, los anglosajones, esos que conducen por la izquierda, dicen que no, que el día chungo es el viernes, el viernes trece, que ese día fue crucificado Cristo, qué insistencia, y que trece eran sus discípulos. Como ven, la Iglesia siempre metida en todos los charcos.
Los hay, en cambio, que creen que ese número trae buena suerte y se juegan fortunas en ruletas y demás juegos de azar. Y las pierden, claro, pero no porque el número en cuestión traiga mala suerte. Más bien debamos atender a las leyes de la probabilidad, para las que todos los números tienen las mismas oportunidades y, por tanto, son igual de malos, o de buenos.
También estamos, cómo no, los que por si acaso, no embarcamos ni nos matrimoniamos en martes y trece. Pero tampoco pasamos bajo una escalera, nos encorvamos cuando pasa un coche fúnebre delante de nosotros, evitamos mirar a ese gato negro cabrón que bien podía haber esperado a que pasáramos, ponemos el suelo del salón hecho un Cristo, qué pesadez, derramando sal ante la terrorífica mirada de nuestra esposa, cerramos cuanta tijera vemos abierta y tantas y tantas cosas más. Todo ello, por supuesto, por precaución, no sea que...
El caso es que el próximo martes y trece caerá, si las cuentas no me fallan, en enero de 2009. De forma que pueden emprender este verano ese crucero soñado o comprar la alianza de petición de mano para la que han estado ahorrando.
Y como decía Murphy: Sonría, mañana puede ser peor.

Eutanasia no es nombre de señora


Mucho se ha escrito y sobre todo hablado acerca del suicidio, vulgarmente llamado eutanasia, tal vez porque es un suicidio asistido, o un asesinato consentido, lo mismo me da.
No se confundan, entrañables lectores. Estoy a favor de la eutanasia como estoy a favor de casi todo, menos de que el Barça gane ni al Barça B, pero esa es otra historia.
Cuando nacemos encarnamos la inocencia en estado puro, esa que se pierde tras el primer pecho. Desde entonces los chicos veremos los senos con lascivia y las chicas como poderoso arma.
Pasamos por la vida como los ciervos, los leones o las madreselvas, como los nenúfares, las acacias, los robles, los ratones y las sardinas. Somos algo finito que se va desgastando, oxidando, hasta perder esa fuerza primera que nos ata a la vida, a la puta vida a veces, dolce vita otras, las menos, para qué nos vamos a engañar.
Y mientras, elucubramos y nos hacemos pajas mentales de todo tipo. La mayor de ellas, a mi entender, conformar un más allá que nos haga sentir inmortales. Y todo por culpa de tener esos dos dedos de frente que nos diferencian del resto de seres vivos. Al chimpancé le importa un bledo si cuando se muera algún ángel-mono vendrá en busca de su alma y lo llevará a un paraíso repleto de plátanos de canarias y monas en celo. No.
Pero los humanos somos como somos y traemos el más allá al más acá y nos vestimos de cura, o de monja, y edificamos torres donde nadie va a pernoctar, ni a comer, solo para mantener intacta la quimera de la inmortalidad.
Desde ese punto de vista, aquellos que creen en el más allá no deberían estar en contra de la eutanasia, pero curiosamente son los que con más encono la critican.
Yo creo que cada cual es libre de hacer con su vida, con su cuerpo, con su alma el que la tenga, con su coche si me apuran, hasta con su minipimer, lo que le salga de los mismísimos. Siempre que no haga daño. Que no se preocupen los anti-eutanasia por la familia del que se quiere ir, que se preocupen tan solo de sus prejuicios.
Y dejemos marchar a aquellos que quieren morir porque no desean continuar padeciendo las bondades de esta puta vida. Y que descansen en paz, nunca mejor dicho.

24 abril 2008

El llanto salvador


Vivió una vez un hombre con la boca siempre llena de palabras y una hermosa voz. Experto en el arte de contar cuentos, historias, acontecimientos varios, debía su maestría a la sangre, pues su padre y su abuelo habían gozado de aquel mismo privilegio, si bien nunca supieron sacarle rendimiento. Pero nuestro hombre hizo de su virtud empresa y desde joven comenzó a ganarse algunos dineros haciendo gala de aquella destreza. Le contrataban en las fiestas de los pueblos para narrar historias terroríficas a niños, o novelas de amores imposibles a las jovencitas. Viajaba a caballo con su soledad. Dormía en pensiones o albergues, pues las palabras daban para poco más que comer y vestir: solvencia sin lujos, en sus propias palabras. No hacía mucho tiempo había renegado de su padre, el cual tras perder la voz a eso de los cincuenta años y enviudar hacía poco, se había visto relegado en su terruño a una vida frágil y miserable hasta que murió. La fosa la cavó él mismo de antemano, por miedo a que lo dejaran a la intemperie.
Una tarde, estando en medio de una de sus narraciones preferidas, con el público entregado, el ambiente crispado, la hoguera crepitando y haciendo que la oscuridad lo fuese todavía más, los niños apretujados entre sí presas de un pánico deseado, apareció una muchacha tras las gentes, curiosa, observando qué motivo reunía a toda aquella multitud. Nuestro hombre se fijó en ella, y aunque sea cosa de mala explicación, la quiso desde entonces. Nunca había amado a nadie que no fuera su madre, padre no tuvo, en lo legal, ni hermanos, de manera que aquel era casi un amor primero, virgen y azotado por lo novedoso. La muchacha supo al instante los sentimientos que había desatado y se sintió halagada. A los pocos días ella también estaba enamorada hasta los huesos y se fue con el contador de historias dejando tras de sí una vida anodina por placentera. Renunció a familia y comodidades y se adentró con su hombre en lo que para él había sido siempre su hábitat natural, la vida un tanto disipada y desarraigada, el vivir al día, el dormir casi siempre de improviso. Hicieron el amor en cuantas camas visitaron, que fueron muchas, y alumbró en tres de ellas a su descendencia. Nuestro hombre seguía contando historias hasta que una tarde un mal viento le llevó la voz. Primero una ronquera, después afonía, por último se quedó mudo el narrador y nunca más recuperó aquella voz aterciopelada que por bella y bien empleada había constituido su única fuente de ingresos durante tantos años. Se sumió en la tristeza el hombre, y su mujer también. Vieron cómo les rondaba la pobreza, quedándose a vivir con ellos, y recordó nuestro hombre que a su padre, y a su abuelo, les había sucedido algo similar cuando contaban más o menos su edad.
El hijo mayor había heredado el talento y las habilidades de su progenitor y pronto comenzó a traer a casa algunos dineros, hasta que se convirtió en su digno sucesor. El padre, más triste que mudo, veía cómo poco a poco se convertía en un trasto inútil. El primogénito, en cambio (corrían ya otros tiempos), decidió dedicar aquella buena dicción heredada y se hizo actor. Y vaya que si lo consiguió. Engrosó las filas de las mejores compañías de la época, se hizo famoso, primera figura en poco tiempo. El amor llamó a su puerta muchas veces, aunque él cada vez tardaba menos tiempo en despedirlo, borracho como estaba de un triunfo no esperado, de una vida placentera. Su padre, entre tanto, agotaba sus días viviendo de las migajas que su hijo le hacía llegar por mensajero, ajeno a su familia y a su sangre.
Pero el destino estaba marcado de antemano. Pronto llegó la hora de la ronquera, después de la afonía, y al final, nada. Otra voz apagada por un destino escrito hacía mucho, con nombres y apellidos. Entonces el hijo corrió en busca de su padre, mas éste había partido hacía días al encuentro de todas aquellas voces apagadas antes que la suya. La madre estaba con sus dos hijos menores, explicándoles la tradición familiar según la cual tras la voz se iba el espíritu, inexorablemente, en un intento vano de aleccionar y preparar a los muchachos. El hermano mayor se sentó entonces entre los suyos y todos juntos lloraron a su padre. Aquel llanto salvador adquirió diversos timbres, lució en muchos colores diferentes para, al final, sonar de otra forma muy distinta, poco familiar. Un tono más mediocre y apagado, pero garantía de un final mejor.


A Lucio, in memoriam

21 abril 2008

Cumpleaños y medio

Cumple el blog un año y medio de vida.
En este tiempo he recibido una media de dos visitas por día aproximadamente. No sé quienes son pero creo que solo por ellos debo proseguir este blog. Y darle un poco más de asiduidad por mi parte. Así lo haré.
Gracias a los que me leen.

26 febrero 2008

Debate "de bate"


Sucedió tras quince años de espera e innumerables reuniones para clarificar todos y cada uno de los términos del encuentro.
El de derechas, claro, a la derecha, aunque con corbata roja, puede que para despistar. El de izquierdas a la izquierda, pero con corbata azul, quizás por aquello del talante.
Y moderando, el de siempre, que más vale lo malo conocido.
Y lo que aconteció bien podía haber sido un montaje de fotoshop, salvo en un par de ocasiones, porque debatir, lo que se dice debatir, no se debatió. Pero si se blandieron los bates del: “¡toma ya!, yo tonto y tú más, yo no hice y tú deshiciste, yo me los pasé por la piedra de dos en dos y tú de tres en tres, y mi padre es más que el tuyo, y yo, de paso, también, que tú y que tu padre”.
Y así durante hora y media. Y trece millones de incautos, que se dice pronto, a verlas venir, con el alma en vilo, con el voto pendiente de un hilo, del hilo dental que alguno de los contendientes necesitaría, de paso. El caso es que no se dijo lo que se quería hacer, dejando a un lado eso de: “pues yo más y mejor que tú, que los grandes números, los que no entendemos ni nosotros, esos los voy a poner yo de puta madre, y de paso España irá mejor, o al menos eso dicen mis asesores”.
Pero nadie me aclaró si tendré que seguir comprando los huevos de media en media docena o podré volver al dispendio de la docena entera. Si seguiré con la dieta mediterránea de legumbres y hortalizas o podré engrasarme las venas con un poco de solomillo, si la cerveza tendrá que seguir siendo la de oferta o me podré permitir la Heineken de mi juventud, si voy reservando un apartamento en San Xenxo o me alquilo, otra vez, "Verano azul" de cara a las próximas vacaciones, si hago fiesta de cumpleaños o convenzo a la churri de que nada como la intimidad de un paseo a la orilla del río con un paquete de pipas, si me atrevo de una puta vez a comprarme el loft que tan poco me gusta pero que tanta libertad me dará o sigo compartiendo el sofá con mis padres y la enfermera que les cuida, que por cierto está que te cagas.

14 febrero 2008

San Valentín, ZP, Tom Cruise y cía.


Supongo que el día de San Valentín no lo celebra nuestro querido ZP, teniendo en cuenta que Valentín fue un obispo en época de Claudio II, en el 270 D.C., por lo que creo que la buena y cantarina Sonsoles se quedará sin regalo.
No así Tom Cruise, quien debe ver en este día una oportunidad única de cometer alguna de sus muchas salidas de tono. Lo imagino a los pies de su amada Katie, rodeados ambos de cientos de ramos de las más exóticas flores y con la mano extendida portando un anillo más, como un smeagol enamorado.
Después, la invitará a cenar entre acordes de violines y trompetas, para terminar en un tálamo de pétalos de orquídeas.
Cuenta la historia que el obispo Valentín, en contra de la orden de Claudio II por el que prohibía el matrimonio en la creencia de que los hombres casados eran malos soldados ya que, en caso de guerra, no querían separarse de sus familias, casó en secreto a las parejas que así se lo pidieron. Por este motivo fue encarcelado
El emperador lo sentenció a ser ejecutado, por lo que Valentín fue arrestado y enviado a prisión. Durante las últimas semanas de su vida, uno de sus carceleros reconoció en el obispo a un hombre de letras y llevó a su hija Julia -ciega de nacimiento- para que reciba lecciones de él.
Valentín le leyó cuentos de la historia romana, le enseñó aritmética y le habló de Dios. Julia aprendió a ver el mundo a través de los ojos de Valentín, hasta que finalmente las sucesivas súplicas de la joven por contar con el sentido de la visión fueron escuchadas.
En la víspera de su muerte, Valentín le escribió una última carta a Julia pidiéndole que se mantuviera cerca de Dios y la firmó "e tu Valentín", sin saber que daba origen a la tradición de enviar mensajes de amor en esa fecha.
Puede que el edicto de Claudio II debiera haber permanecido hasta nuestros días, en los que el matrimonio apenas ya tiene sentido. Se evitarían de esta forma gastos de boda, gastos de separación, abogados, coros, curas y cirios. Aunque dudo que la gente se separe hoy en día para ir a la guerra, precisamente.
Personalmente, prefiero celebrar, a menudo, el día de San Ballantines

07 febrero 2008

La campaña


Ya empezó la campaña, amigos. En realidad los partidos políticos llevan semanas intentando tocar nuestros demócratas corazoncitos con misivas sin IVA, por lo ilegal del asunto.
Pero todo vale en democracia, como saben. Y se acusan, se insultan, se emplazan y desemplazan, que parecen novios en los albores de una relación, antes de la serena convivencia que se logra solo tras unas cuantas docenas de cepillos de dientes nuevos.
Si eres español, vótame, si te crees español, querido inmigrante, también. Prometemos pateras todo confort para que tu familia pueda reunirse contigo en el Edén ibérico que ahora disfrutas. Pero no olvides, inmigrante legal, comprobar que estás correctamente empadronado. Caso contrario, olvídate de la patera y el maná.
— ¿Quién dice que hay paro? –proclaman.
— Lo que ocurre es que antes la gente no se apuntaba al INEM por purita desgana.
Ahora saben que saldrán de las listas en tiempo récord, pasando a engrosar las filas de todos aquellos, aquellas y aquelles que luchamos en buena lid por convertir al suelo patrio en ejemplo intergaláctico de ...de todo.
Otros minimizan los rifirrafes entre sus propios miembros, de partido se entiende, con la esperanza de convencer a aquellos que cada cuatro años pican de nuevo, retomando la confianza que el hijo en paro y el euríbor por las nubes les harán relegar a lo más profundo de su memoria con la llegada de la primavera. Y es que la alergia al polen y el desencanto postelectoral tienen mucho en común: ambos son fenómenos pasajeros, te dejan abotargado, no hay medicamento que los cure para siempre y en verano, como no podía ser de otra manera, uno se olvida por completo que los padeció.
Algunos políticos no se pronuncian por no saber qué discurso mantener. Y callan, que es otorgar, dejando la disputa en casa de Montescos y Capuletos. El gran problema es que a estas alturas todavía no sabemos bien quién es Romeo y quién Julieta.

01 febrero 2008

Balance de 2007


Impregnado como estoy todavía del llamado “espíritu navideño”, si bien no sabría explicar con rotundidad el porqué de tal posesión espiritual, cosas de uno, me gustaría hacer un balance más, que sé que esto que ahora inicio es tan viejo como los calendarios de famosos en pelotas con la disculpa de no se sabe bien qué damnificados o la felicitación vía mensaje de móvil tan de moda en los últimos tiempos.
Queriendo ser, en la medida de lo posible original, daré a la cosa tratamiento contable, pues a fin de cuentas el término balance pertenece al ámbito de lo puramente contabilístico.
Pues bien, comenzó el año con un saldo inicial general negativo arrastrado de ejercicios anteriores tan nefastos como interminables. Me estoy refiriendo a todos esos sucesos que por repetitivos se han convertido ya en cotidianos. No se concibe en estos tiempos desayunarse sin treinta o cuarenta muertos sobre la mesa en editoriales de diarios o, cada vez con más frecuencia, en las páginas interiores de los rotativos. A este paso acabarán refundiendo en una sola la sección de tragedias varias con muertes y la de necrológicas.
Los precios, como no podía ser de otra forma por aquello de que los mismos son inflexibles a la baja, han continuado trazando una hermosa y panzona curva ascendente hacia el infinito, lugar al que probablemente llegarán en generaciones futuras.
La política sigue por sus fueros, preocupada por convencer a un electorado pasota de que debe acudir en masa a las urnas cuando son convocadas elecciones, demostrando de esa forma que el pueblo español hace tiempo que superó la reválida de la democracia y la instauración plena del estado de derecho. No creo que tardemos mucho en votar desde el teléfono móvil: los de contrato, para los de tarjeta habrá que esperar un poco más.
La inmigración sigue arribando a nuestras costas en cruceros de clase turista con la promesa de un Edén multirracial donde todos trabajan y tienen derecho a médico de cabecera. Algunos han podido comprobar esto último nada más poner pie en suelo patrio.
Las carreteras han mejorado considerablemente. Más kilómetros, menos baches, mayor seguridad en suma. Tener un accidente hoy en día es cosa de delincuentes profesionales y por eso se está aplicando la ley a rajatabla. Las cárceles se llenan ahora de conductores resacosos y violentos de género (con lo fácil que es decir de sexo, en fin), amén de ladrones foráneos a las que no les fue explicado que lo de que España era un chollo iba en sentido metafórico.
Mas todo esto queda relegado a un segundo plano en Navidad, época festiva y turronera, de regalos, comidas y loterías.
De lo anterior y la forma de obviarlo solo se me ocurren dos soluciones: hagamos Navidad todo el año o dejemos de engañarnos alguno de estos días.