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22 enero 2008

Recuerdo de Navidad

Un empleado de una empresa de seguridad, un ex-empleado mejor dicho; el pobre había pedido la baja voluntaria a causa del malestar laboral que generaban algunos de sus compañeros, pues se los ha cargado, a los dos, a los que le hacían la vida imposible. Y de paso ha malherido a una señora que pasaba por allí. Hace poco había comprado el arma homicida, una escopeta de caza, supongo se metió la licencia de caza en el bolsillo del chaleco y ¡pum, pum! Después, se suicidó.

En Sevilla atropellan a una niña, bueno, la empujan un poquito con un coche después de un tremendo frenazo y el imprudente acceso a la vía pública de la menor. Imagino al conductor, satisfecho en parte por haber detenido el coche y preocupado por el estado de la pequeña cuando alguien, desde fuera, lo acribilla a balazos por no haberse dado a la fuga como algún compadre del matador de conductores.
En una fiesta familiar un hombre es asesinado a navajazos. La noticia no dice más, ni del grado de consanguinidad de esa supuesta familiaridad, ni del cómo o el por qué. Mejor.
Y qué decir de esos ciento y muchos fallecidos metidos de antemano en el ataúd de hojalata que les ha llevado camino de un final violento. Mejor nada...
Es el poso de la Navidad, lo que queda tras un empacho... de los buenos, a base de mazapán y polvorones a partes iguales. Y las casas llenas de juguetes, y Los Cortes Ingleses con sus salas vacías, ahuecadas, con el eco campando a sus anchas, y los fajos de billetes amontonados en camiones amarillos camino de ser enlatados debidamente, puede que para siempre. Nos quitan el dinero y lo guardan en las entrañas de la tierra, bajo siete llaves y cinco códigos de seguridad: de palma de la mano, de iris,... de cojones. Y ese dinero ya no vuelve a estar en activo, que no les engañen a ustedes. Debemos redoblar nuestros esfuerzos laborales, todos a una, para conseguir que la máquina de los euros reponga nuestros bolsillos, y solo tenemos doce meses, menos, porque allá por el verano otro conato de enlatamiento se producirá. Y dentro de un año, vuelta a empezar, nuestro dinero bajo tierra, los armarios más llenos, si cabe, de chorradas, un montón de muertos en los caminos de la vida, algunos más a manos de gente que ya no comprende este puto mundo. Otra Navidad.