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16 diciembre 2006

In illo tempore

5
Entonces Caín fue a buscar a Abel y le dijo:
—Hermano, lo siento: tengo que matarte. Así está escrito.
—¿Cómo que está escrito? —respondió Abel mientras daba betún a sus zapatos— ¿Dónde coño está escrito?, ¿quién ha escrito esa gilipollez?
—No te pongas pesado, Abel, coño, las cosas son así. Yahvéh ha querido que el malo sea yo.
—Que le den por el culo a Yahvéh, se lo diré a papá.
—Papá esta ahora ocupado: un rollo de una manzana y un tipo que se estaba tirando a mamá disfrazado de serpiente.
—Pero si sólo somos nosotros cuatro.
—Ya, a lo mejor hay más.
—Claro, mira si no lo que pasará en El Planeta de los Simios.
—Te tenemos dicho que no vale hablar del futuro, hazte el loco como si nada supieras.
—Venga..., vale.

6
Y Adán, a quien todos los monumentos que lo glorifiquen siempre serán pocos, vivió novecientos años junto a Eva, puesto que no existía el divorcio y ni siquiera echaban la Champion’s League por la tele y mucho menos Gran Hermano. Y Adán, iba diciendo, engendró a Fulanito, que a su vez engendró a Menganito, el cual engendró a Zutanito, que a su vez... En las comidas de Navidad, la casa de Adán se ponía imposible y, mientras Matusalem contaba batallas de la mili y los chavales destrozaban la vajilla y los sofás y el niño de Cuéntame Cómo Pasó pegaba mocos bajo la mesa y el gualdrapa de Onán se pajeaba en el water y los cuñaos vociferaban sobre política, el viejo y cansado Adán se retrepaba en su mecedora, bajo su manta de cuadros, y pensaba en las salvajes praderas del Edén, en los floridos atardeceres y en las noches donde las estrellas titilantes eran su techo.