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14 diciembre 2006

In illo tempore

3
Paseaba el Señor por el Edén, ya fuera de horas de trabajo, cuando se dio cuenta de que estaba solo y aburrido.
Creó entonces una paloma y la infló por una válvula instalada en un lateral. Inventó después un tapón de seguridad de lo más práctico. Y se puso contento Dios y bebió medio litro de ambrosía.
Corrió a enseñar su nuevo juguete al Padre, a él mismo en definitiva. Y al otro, que era él mismo, le gustó aquella paloma hinchable. Decidieron hacerse trino, y la cosa se complicó terriblemente, para todos, empezando por San José, aún sin nacer, pero con la cornamenta zoológica ya presente en su destino. Y también complicaron terriblemente las misas que después darían sus apóstoles. Y se acrecentó el miedo de éstos a que les sobrevolara la cabeza la paloma convertida en lengua de fuego, con lo que se pasaban los momentos de ocio mirando hacia arriba, en busca del trino.

4
Aquella tarde Adán estaba de un humor terrible, pues una avispa le había aguijoneado el escroto durante la siesta. Cuando vio a Eva brindándole una apestosa manzana, la reprendió con tal grito que todas las bestias del paraíso se ocultaron bajo las piedras. Así la humanidad perduró feliz en la eterna ignorancia, y la serpiente inauguró un quiosco de perritos calientes. Los que escribimos esto, y todos los demás histriónicos barbudos histéricos, no somos más que el producto de una imaginación enferma.