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19 octubre 2006

Dar

Desde el instante en que lo vio supo que jamás querría a nadie de esa forma, con esa intensidad, con tanta bondad y dulzura.
Desde ahora sería su luz, su día y su noche, su velador sereno, su amigo y confidente, su red salvadora en momentos de dificultad. Le procuraría bienestar, paz, tranquilidad, sosiego. Le hablaría del mar, de las montañas, de lo humano y lo divino, de lo alegre y de lo irremediablemente triste.
Le ayudaría a ser fuerte cuando hiciera falta, le enseñaría a perdonar, le invitaría al permanente sacrificio de ser uno mismo, le serviría de cayado en el cansancio, le alegraría el rostro en el desconsuelo.
Y le auxiliaría en los momentos de debilidad del cuerpo, y también en aquellos en que se tornara frágil su alma.
Sería su sombra silenciosa, su amigo. Le daría todo el amor que cabe en este mundo, a grandes bocanadas, derrochándolo, sin esperar a cambio precios, sin solicitar contrapartidas.
Y aguardaría paciente, en un pequeño acto de egoísmo, al primer día en que le dijera: papá.

4 Comments:

Blogger a man of no fortune said...

Mmm. paso para saluar, ya volveré con detenimiento.

5:22 p. m.  
Blogger Hank said...

¡Lo conseguiste sin escoñarlo todo! ¡¡Enhorabuena!! Es broma, no esperaba menos, jeje.
Cuando uno anda dando pistas con la insistencia que tú lo haces, sabe que al final la cosa tendrá truco. En tu caso en la última palabra. Por lo demás, debo ser el único padre que no siente semejantes desvelos por sus hijos. A veces me pregunto si mi desarraigo será humano y no animal.

2:22 p. m.  
Blogger Rocío said...

Dulce y bien escrito.
Un beso

12:31 a. m.  
Blogger bauldelaire said...

Muchas gracias.

3:14 p. m.  

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