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27 diciembre 2006

In illo tempore

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Menos conocida que la afición por los guisantes salteados con beicon, es, en Gregor Mendel, la pasión por los antiguos tratados de botánica. Recientemente ha salido a subasta un precioso tomo intitulado Rarae Vegetatio. Entre otros portentos, no tiene desperdicio el artículo Arbustus Flamigerus Insidiosus, de un tal Moisés. Este artículo trata sobre un arbusto cuyo estado natural es la incandescencia. Si la perenne combustión de esta planta es, por sí misma, suficiente motivo para la estupefacción, el arrebatado lector se encontrará con acotaciones del propio Moisés que lo inducirán al paroxismo:
“… y el puto arbusto estaba ahí, y con ahí no quiero referirme a un punto concreto del espacio: que iba yo al mercado, pues allí me lo encontraba; que iba yo conduciendo por la A30, era cosa de revirar los ojos y ver el ramaje flameante…; a veces despertaba en mitad de la noche estando la habitación en perfecto silencio, pero teniendo yo la extraña sensación de que una tea en llama viva había estado oscilando sobre mi rosto…”


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Acerca de las diez plagas que asolaron Egipto:

Primera plaga: ingleses con salacot, radiantes calcetines de rombos y lampiñas pantorrillas.
Segunda plaga: la de los absurdos hombres rana.
Tercera plaga: Mosquitos. No digan que Dios no tiene imaginación.
Cuarta plaga: ¡Moscas! Los hombres rana se ponen las botas.
Quinta plaga: Arena. Lo puso todo perdido.
Sexta plaga: a los hombres les crece una nariz torcida y la voz se les torna horriblemente atiplada.
Séptima: tormentas, rayos, granizos, vientos, terremotos, uranio empobrecido, caca, culo y peo. Todo a la vez.
Octava: descrita en el capítulo 4.
Novena: durante tres días, los televisores no emiten otra cosa que la boda del príncipe de Asturias.
Décima: descrita en el capítulo 5.

1 Comments:

Blogger Fauve, la petite sauvage said...

Como lean en el foro la sexta plaga, te expulsan... ;-)
Fauve, saludándote, felicitándote por un blog tan estupendo y original (prometo leérmelo de cabo a rabo) y dándote absolutamente toda la razón en tu opinión sobre la expulsión de Sleepwell, en contra de toda la mediocridad en que se convierte el individuo que tiene que actuar en grupo al dictado del jefe de turno de la secta. Hay personas que necesitan conocer la opinión que deben expresar y obedecer al dictado para sentirse libres. Qué triste...
En ese aspecto, llevas las de perder. Pocos hemos opinado como tú, y algunos más también opinan igual pero guardan silencio, que es otra forma de dar la razón al dictado.
Lo dicho: un saludo.

1:14 a. m.  

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